PRÓLOGO: DOCUMENTOS VIOLETA

 

Catábasis. Catábasis es la idea que se repite una y otra vez en los libros de los anaqueles de la misteriosa “ala violeta” de esta gigantesca biblioteca. Todavía no tengo claridad con respecto al asunto, y más aun, pareciera que me provoco precisamente lo contrario… mientras más indago al respecto, más oscuro y misterioso se torna saber el por qué del planeta que habitamos; el por qué es tal como es: Un Octoracto. Vivimos en una paradoja.

Desde que empecé trabajar hace ya más de tres años como simple “ego laboro” en este lugar, me acompaña el interés ardoroso de revelar toda la situación. Cueste el Apocalipsis que cueste. Sé también que develarlo, es parte de descubrir mi propia historia, y la de toda aquella gente que nos hace tanta falta…

Recorren mis pies el embaldosado de piedra, y mi vista los lomos de los libros que alcanzo a ver… tanto por leer. Tomo algunos, reviso índices, hojeo; si me sirven, van a mi alforja. Estoy en uno de los sectores menos visitados de uno de los edificios más grandes y también cada vez más ignorados de Jerusalén del Nuevo Extremo, nuestra ciudad. La ciudad que está en medio. Porque eso es lo que nuevo extremo quiere decir: El lugar donde simplemente todo mantiene tienen cierta “corporalidad”. Nuevo extremo, lugar de síntesis y consenso, luego de la gran confusión cósmica que causó nuestro mundo imposible… Aquí, entre el silencio solo interrumpido por mis pisadas, las hojas dislocadas por mis dedos, y el crepitar de los candiles, pareciera que simplemente no estamos viviendo entre el cielo y el infierno. Entre la ciudad de los Santos y Gehena. Pero no es cierto, porque si lo estamos.

Explicaciones fácticas sobre el asunto son algo interesante, pero en un mundo como el nuestro, en que la distinción entre lo que en otras eras se identificó como sobrenatural y natural está completamente borroneada por una materialidad “poética” a flor de piel, todo intento meramente lógico es más que inútil. Después de llegar a la conclusión de que generar aquella escisión me resultaría inútil para comprender, supe que pasaría largas horas deambulando por estos pasillos, tan profundos como acantilados y tan altos que te tragan como olas. Sus dientes tienen ciertas tonalidades amoratadas suaves… De alguna manera, todos los lomos de los ejemplares dispuestos en este sector tienen esa característica, ese tono, ese tinte. Hasta ahora, esa deducción basada en lo desnudamente visual, es la única explicación que surge como respuesta al mote del “ala violeta”.

Alguno de estos registros guarda la verdad, o quizá todos a la vez. Todos hilando un gran mito fundacional, capaz de replicar una y otra vez la forma en que nuestro mundo es. O, radicalmente cambiarlo. Soy un huérfano que está logrando hacerse de un lugar en la ciudad, el lugar silencioso de un funcionario cualquiera, con cierta proyección. Una pieza, una herramienta más, que tal vez pueda pulirse mejor. Pero la verdad, es que me escondo. Me escondo aquí, con la excusa y las buenas calificaciones laborales que me permitieron escoger el área de la biblioteca en la que trabajar. Escondo aquí mis intenciones. Revelarme la verdad, quién soy, quienes fueron antes de mi… quienes somos y como podemos llegar hacer algo distinto de lo que somos… Quizá alguna tarde, que parezca como cualquier otra, se gatille la chispa que encienda la antorcha que vuelva a reordenar todo en este mundo. A rehacerlo.

Nuestro astro comienza a descender y las hay algunas pocas nubes grises. Veo a través de una de las preciosas ventanas de geometrías octagonales, a toda esa gente preparándose para un viernes de buena memoria. A mi me acompañarán todos estos tomos que he colectado para este fin de semana…

De pronto, reconozco a una de todas las personas que caminan a lo lejos por la avenida. Sé que se dirige hacia aquí. Lo he visto otras veces antes. Esa mezcla entre general y cantante de bar… Creo que el detective Dante Prosopón hace tiempo que no venía a pedirle ayuda a su bibliotecario favorito, para resolver alguna de sus pesquisas. Saco mi Ananke, mi libreta, del bolsillo de mi chaqueta, y la reviso… si, hace tiempo que no subcontrata mi asistencia para un caso.

Ya está bastante cerca. Saldré al pasillo principal rumbo al primer piso para recibirlo en el vestíbulo, porque sino, jamás me encontraría en este laberinto.

Anoto todo esto en mi Ananke, antes de olvidarlo, como es natural. Desciendo.

14 comentarios en “Prólogo: Documentos violeta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s